Marco y el Castillo Encantado
用 Taleomatic 创作的故事
El caballero Marco se paró frente a la puerta de un gran castillo. El castillo tenía torres altísimas con banderas que se movían con la brisa. Las piedras brillaban bajo la luz de la luna, como si estuvieran cubiertas de diamantitos. Marco apretó su espada de madera y respiró profundo. Él era un caballero valiente, y los caballeros valientes siempre dan un paso al frente.
Marco empujó la puerta pesada y entró. ¡El castillo estaba lleno de magia! Velas flotaban en el aire sin que nadie las sostuviera. Los cuadros en las paredes parpadeaban y le sonreían. Una alfombra se desenrolló sola bajo sus pies, como diciendo "por aquí, por favor." Marco se rió. Era el lugar más increíble que había visto en su vida.
Entonces Marco escuchó un sonidito. Venía de detrás de una cortina grande y dorada. Apartó la cortina y encontró un pequeño dragón verde sentado en el rincón. El dragón tenía alitas moradas chiquitas y ojos anaranjados grandotes llenos de lágrimas. "No te asustes," dijo Marco con voz suave. "Soy Marco. ¿Cómo te llamas?" El dragoncito sorbió su nariz. "Soy Chispitas," dijo el dragón con una vocecita.
"Hay algo en la torre," susurró Chispitas, señalando hacia arriba con una garrita temblorosa. "Oigo ruidos raros en la noche. Golpes, silbidos y sonidos de campanitas. Tengo mucho miedo de ir a ver." Chispitas se escondió detrás de sus alitas. Marco miró la escalera oscura que subía en espiral hasta la torre.
Marco sintió que la panza le daba un vuelco. Las escaleras estaban oscuras y los ruidos sonaban tenebrosos. Una parte de él también quería esconderse. Pero entonces miró al pequeño Chispitas, temblando y asustado, y Marco supo lo que tenía que hacer. "Ser valiente no quiere decir que no tengas miedo," le dijo Marco a Chispitas. "Quiere decir que vas de todas formas."
Marco extendió su mano. "Ven conmigo," dijo. "Seremos valientes juntos." Chispitas miró la mano de Marco por un largo momento. Luego el dragoncito estiró una garrita y se agarró fuerte. Juntos, paso a paso, subieron la escalera en espiral. Sus sombras bailaban en las paredes con la luz de las velas.
Arriba de la torre, encontraron un cuarto redondo lleno de lucecitas que brillaban. Y ahí, flotando en medio del cuarto, había una hada pequeñita con cabello plateado y alas centelleantes. ¡Estaba haciendo malabares con campanitas — ese era el sonido! Cuando los vio, aplaudió contenta. "¡Oh, maravilloso! ¡Visitantes! Soy el Hada Madrina de este castillo. ¡Estuve esperando a alguien lo suficientemente valiente para encontrarme!"
El Hada Madrina esparció polvito plateado sobre Marco y Chispitas. Toda la torre se llenó de una luz dorada y suave. "Los dos fueron muy valientes," dijo con una sonrisa cálida. Chispitas soltó una llamita feliz, y sus lágrimas ya se habían ido. Marco se sentó en un cojín grande de terciopelo. Chispitas se acurrucó a su lado, calientito como un hornito. El Hada Madrina tarareó una canción de cuna, y las campanitas sonaron despacito. Marco sonrió sintiéndose calientito y orgulloso, y poquito a poquito, dulcemente, se quedó dormido.
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